Mi encuentro con Andrés

Mi encuentro con Andrés

Por on Sep 27, 2016

Mis queridos cómplices, hoy les estoy escribiendo desde treinta y dos mil pies de altura, mientras voy volando hacia mi tierra Nicaragua. Quiero compartir con ustedes algo que me sucedió hace un par de días, mientras tomaba fotos por el área del downtown en Miami.

Resulta que dos semanas atrás, mientras también me encontraba tomando fotos en un parque donde se dan unos atardeceres increíbles, dejé olvidado uno de los filtros que estaba utilizando en mi nueva faceta de fotógrafo aficionado (por si no leyeron mi post al respecto, aquí se los comparto). Claro, no me di cuenta de mi pérdida hasta que llegué a casa, pero como también me moví de locación y en ambas había utilizado los filtros, no sabía en realidad dónde lo había olvidado.

Lo cierto es que inmediatamente supuse (lo cual detesto hacer, suponer) que se me había perdido, que alguien lo había encontrado y que seguramente habría sido algún indigente o “homeless” de los que duerme en el parque. Supuse también que quizás esa persona no sabría siquiera qué era ese objeto tan valioso y lo botaría.
Pueden notar la tremenda película que me hice, cuando en realidad debí haber regresado inmediatamente a buscar ese vidriecito que cuesta unos cuantos dólares.
Pero bueno, el asunto es que no regresé. Pasaron los días y de nuevo se me dio por volver al parque a tomar unas cuantas fotos. Como lo había ya pronosticado en mi suposición, el filtro no estaba y me resigné a que definitivamente se había perdido o alguien lo había encontrado y si por casualidades de la vida era fotógrafo profesional o no, pues se habría dado cuenta de lo preciado que éste era.

Como les dije al inicio, hace un par de noches me detuve por el downtown en Miami, -en el American Airlines Arena específicamente- a tomarle fotos a un hermoso barco donde había una fiesta alusiva al Perú, ese bello país al que tanto quiero. La iluminación de la nave era increíble, muchas lucecitas lo hacían lucir casi como sacado de una película. Me llamó mucho la atención que parecía algo antiguo. La bandera del Perú ondeaba la húmeda noche en Miami y éste que les escribe sudaba a mares y moría de calor, pero nada era más gratificante que sufrir tremenda incomodidad por tener esa ansiada foto.

Tome más de una, buscando la composición perfecta, lo que deseaba ver en la imagen; me enfoqué en el reflejo de la luz incandescente en el agua que nacía desde el barco y, además, en un par de edificios que me servían de “background” espectacular.

Una vez que logré la imagen que deseaba, y cuando el corazón me dejo de palpitar de la emoción alucinando ante tanta belleza, me dispuse a dejar ese momento que disfruté tanto, para irme directo a editar y ver en mi computadora lo que había conseguido.

American Airlines Arena
Caminando de regreso hacia mi auto, había varios indigentes durmiendo bajo el cielo oscuro y arrullados por el mar.
Le pasé por el lado a uno de ellos que me quedó viendo con mala cara como diciendo “tus pasos me han despertado, ¿no puedes caminar más suave?”

Rápidamente seguí antes de que el hombre de verdad se enojara. De pronto, me encontré a otro que sí me habló y me dijo en inglés: “Hey, ¿tú sabes qué cosa es esto? Creo que alguien lo dejó olvidado y quiero regresarlo a su dueño”. No me iba a detener porque es peligroso y uno nunca sabe lo puede suceder cuando andas con equipo encima, en la calle y de noche, pero hubo algo en el tono de su voz que me hizo no ignorarlo y preguntarle qué era eso que insistentemente me mostraba. Me dijo, “no se, lo encontré”. Inmediatamente reconocí la caja metálica de mis filtros y de nuevo, SUPUSE que lo había dejado tirado en el muro por estar corriendo esa noche tomando fotos.

Andrés, como me dijo que se llamaba, me preguntó: “¿Sabes qué es?” Al ver la caja le dije, “sí, es mío, seguramente lo deje olvidado en el muro”. Él me contestó “nooooooo, espera, espera, ¿cuándo lo perdiste?”. En respuesta le dije “ahora mismo que estaba en aquella esquina tomando fotos”. El me vio incrédulo y prosiguió a contestar, “no esto no lo encontré aquí, lo encontré en otro lugar hace dos semanas y lo he mantenido conmigo para ver si tenía suerte de encontrar a su dueño. Me metí en internet para averiguar cuánto valía y encontré que es caro y pensé venderlo por algo.”

La quijada se me cayó al piso cuando me echó esa historia. Le dije, “no puedo creer que lo encontraste en el parque de Miami Beach en el causeway. Hace dos semanas estuve allí tomando fotos y lo olvidé y supuse que se había perdido. Qué increíble que lo has mantenido contigo y que esta noche que yo no planeaba venir aquí a fotografiar me has detenido a mí para preguntarme acerca del filtro. Digo, preguntarme a mí en especial, cuando antes que yo había pasado otro fotógrafo que también le tomó fotos al barco y se había ido antes.”

Andrés me dijo que había intentado detener al otro chico pero que no lo consiguió y así, entre mi asombro comencé a preguntarle de dónde era y si era indigente, pues no estaba en ninguno de los refugios que hay cerca en la zona. Procedió a contarme que había perdido todo cuando la bolsa de valores se fue al piso. Él se dedicaba a vender propiedades y el dinero que tenía invertido voló. Me dijo, “tomá tu filtro”. Él seguramente vio mi emoción que era sincera. Saqué mi cartera justo cuando él me pidió que le ayudara con algo, ya que hacía algunos días se había desmayado y perdió su celular. Me mostró cómo las hormigas le habían picado su brazo derecho, les juro que esa imagen será difícil borrarla de mi mente.

Le di dinero y cuando vio cuánto era, el hombre me agradeció una y mil veces. Le pedí que me dejara tomarnos una foto y él accedió, pero antes sacó un peine para acomodarse su pelo rubio y canoso, evidenciando su descendencia croata.
Tomé el selfie y le di un abrazo. Le agradecí que me haya detenido y que haya guardado ese filtro que en realidad no esperaba volver a ver. Me sonrió y me dijo “You´re welcome, no problem man, thank you for your help”.

Moraleja: Todos tenemos una historia. Cada vez que veo a un indigente, desde mucho antes de tener este encuentro con Andrés, he pensado en cómo habrá sido su niñez, si habrá tenido papá y mamá, o al menos uno de ellos. ¿Habrá creído en santa Claus, le habrá pedido algún juguete en alguna navidad? ¿En qué cree en este momento a diferencia de antes? ¿Le habrán despertado alguna vez con una caricia?

En fin, comienzo como a intentar imaginar su historia de niño, porque es por ahí donde creo que comienza todo. Después de este breve encuentro, lleno de humanidad y aprendizaje me fui mas que satisfecho de haber escuchado a este hombre; a veces eso es lo único que hace falta, ser escuchado y saber escuchar, sentir que le importas a alguien y viceversa, sea desconocido o no.

No todas las personas que están en la calle son malas, no todos los que tienen menos son maleantes. Algo tiene que haber sucedido en sus vidas porque estoy seguro que a nadie le gusta vivir así. Son seres humanos necesitados no solo de una ayuda, sino de un poco de empatía,de solidaridad y sobre todo de AMOR.

¿Y tú conoces alguna historia similar? Cuéntame

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Por: Luis Enrique

14 comentarios

  • Alonso Martin de Jesus dice:

    Luis Enrique, lo más insólito no es que Andrés halla encontrado tus filtros, sino que tú te detuviste cuando hay un gran peligro al hacer esto… La intuición al bien prevaleció y te enseño que la próxima vez no andes de mentiroso… jajajajajaja Un abrazototote paisano… Tengo una foto contigo de 1990 en Houston – Los dos de pantalones “cavarizzi”… 😉

  • ROSA Rodriguez dice:

    WOW !!!! Casi lloro al leerlo, muchas veces jusgamos sin saber, de verdad que cada día se aprende algo nuevo.
    Esta experiencia puede dar pie para hacer una canción, definitivamente sería una muy especial, de esas que solo tu *Lilique* puedes hacer e interpretar.

  • laura espinoza dice:

    Lo hermoso de este relato mas allá de la historia de Andrés, que es maravillosa, es como lo que es tuyo es para ti y solo para ti…. En el universo no existen casualidades, existe coherencia, la vida esta llena de infinitos momentos que pasamos por alto por estar absortos por cuestiones que nos roban nuestra energía y olvidamos en apreciar lo que es nuestro, lo que la grandeza de la creación nos ha donado… lo cierto es que a pesar de dejarlo olvidado, de hacerlo a un lado, es tuyo, fue creado para ti y hasta que tú no lo disfrutes, pues esa es la esencia de su creación, volverá una y otra vez a tus manos, hasta que al fin seas conciente de su existencia y te descidas a hacerlo tuyo, consentirlo, apreciarlo y claro esta, a disfrutarlo… C

  • laura dice:

    Lo hermoso de este relato mas allá de la historia de Andrés, que es maravillosa, es como lo que es tuyo es para ti y solo para ti…. En el universo no existen casualidades, existe coherencia, la vida esta llena de infinitos momentos que pasamos por alto por estar absortos por cuestiones que nos roban nuestra energía y olvidamos en apreciar lo que es nuestro, lo que la grandeza de la creación nos ha donado… lo cierto es que a pesar de dejarlo olvidado, de hacerlo a un lado, es tuyo, fue creado para ti y hasta que tú no lo disfrutes, pues esa es la esencia de su creación, volverá una y otra vez a tus manos, hasta que al fin seas conciente de su existencia y te descidas a hacerlo tuyo, consentirlo, apreciarlo y claro esta, a disfrutarlo… C

  • INDY dice:

    QUE GRAN ANECDOTA!! LUIS ENRIQUE GRACIAS POR COMPARTIRLA, UNA VEZ MAS DIOS DEMUESTRA SU GRANDEZA EN CADA SEGUNDO HACIA LOS QUE CREEN EN EL. TU HAS PODIDO TOMAR OTRA ACTITUD FRENTE A ESA PERSONA, SIN EMBARGO,ES ESO LO QUE MARCA LA DIFERENCIA, ESO ES LO MAJESTUOSO DE SABER QUE NADA ES CASUALIDAD, QUE TODO TIENE UN PORQUE Y UN PARA QUE,QUE AL FINAL SOMOS LOS CONSENTIDOS HIJOS DE DIOS….QUE TU ENORME CORAZON SIGA RECIBIENDO SORPRESAS TAN MARAVILLOSAS.

  • Mys dice:

    Dios te puso a prueba y no lo
    defraudaste!

  • Vilma Bujosa Rosario dice:

    Saludos Luis Enrique, gracias por compartir tus experiencias de vida. Quiero compartir contigo y con los lectores de éste blog mi historia, quizá un poco parecida a la tuya. Un día sentada en el balcón de mi hogar con una taza de café en mano pensé en todas las bendiciones que Dios y la vida me habían regalado, en ese instante me dije a mi misma; cómo puedo agradecer tanta dicha, cómo devolverle a la vida todas sus bondades conmigo. Quiero aclara que las bendiciones y bondades no son ni económicas, ni materiales, es que he sido feliz. Para ese entonces realizaba mis estudios de posgrado en una universidad en la cuidad de San Juan en Puerto Rico. Caminaba por las calles y los veía buscando comida en los zafacones, siempre he sentido empatía hacia los menos afortunados y más cuando la causa es el hambre. Asistí a mis clases, pero continué pensando en lo que había visto y llegando a mi hogar decidí llevarles algo para comer. Días después conversé con dos amigas sobre el asunto y lo que quería hacer, ellas se ofrecieron a acompañarme. Llevamos emparedados, jugos, algunos dulces como postre. En un principio las tres nos acercábamos a los indigentes para entregarle los alimentos, pero en algún momento durante el reparto mire hacia unas escaleras cerca de una iglesia y vi a una mujer indigente. Me dirigí a ella y le pregunté si quería algo para comer. Me senté a su lado y comenzamos platicar, primero me agradeció por los alimentos y los guardó indicándome que se los comería más tarde, luego conversamos sobre muchas cosas, finalmente me atreví a indagar el por qué deambulaba. Me relató que había estado casada con un abogado, que vivía muy bien y que tuvo una hija que murió ahogada en la piscina de su hogar, motivo por el cual su esposo la abandonó. Todos estos problemas redundaron en una depresión y decidió salir de su casa y no regresar. Le pregunté que si tenía familia y me indicó que sí, pero que no quería hablar de eso. Seguimos conversando de otras cosas, ya cuando me iba a retirar le ofrecí mi ayuda y le pregunté qué necesitaba para llevárselo en cualquier momento. Su respuesta fue “hace tanto tiempo que nadie me abraza”. Le di un fuerte abrazo y lloré. Finalizo mi historia citando a Luis Enrique, “son seres humanos necesitados no solo de una ayuda, sino de un poco de empatía, de solidaridad y sobre todo de AMOR”. Gracias mil por recordarme una vez más que son bendecida y que tengo que agradecer por ello.

  • Sandra Carmona dice:

    No conosco historia similar… Pero, para mi que Andres es UN Angel . I believe in Miracles. That was meant to happen. Everything happens for a reason. To teach us a lesson of some kind. The Twighlight Zone.

  • Definitivamente que el destino conspiró para que los filtros y este hombre fueran a tu encuentro. Dios sabe por qué nos dirige de la forma en que lo hace. Qúe buena historia Luis, saludos desde Panamá.

  • Guisselle Molina dice:

    Saludos paisano te admiro desde siempre. Ciertamente es oportuna tu reflexión, a veces los que ocupamos el otro lado de la vida, olvidamos que los desposeídos materiales también tienen sentimientos y anhelos, que quizá por su circunstancias no pueden lograr. También es cierto que muchas veces tememos a esas personas, sin embargo son seres humanos con mucho por compartir a veces un simple gesto humanitario puede cambiarle a uno de ellos la vida y con ello la de uno mismo. LE creo que te ha cambiado la vida Andres y tú a el, y a nosotros que te seguimos. La vida es amor, misericordia si nos llenáramos de más de esos sentimientos seguramente este mundo cambiaría para mejor. Saludos

  • Charo Salazar dice:

    Luis Enrique qué linda historia, y que bonitas palabras para el Perú. Cuando camino por la calle con mi papá y vemos gente que necesita ayuda tratamos siempre de dar una mano y mi padre siempre se hace las mismas preguntas que tú. Piensa y se pregunta por la niñez y la vida de esas personas. Siempre dice “Y pensar que alguna vez fueron niños y corrieron tras una pelota o jugaron con alguna muñeca. Ayudar siempre es gratificante y más cuando es un sentimiento que sale del corazón. Te admiro muchísimo. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

  • edith solano dice:

    Que lindo seguramente habra una cancion muy a tu estilo principe besos desde cdmx y los complices de luis enrique en mexico

  • Carmen Jiménez dice:

    He visto muchos indigentes en mi país, República Dominicana, pero casi siempre andan semidesnud@s por esa razón nunca he hablado con ell@s. En verdad es preocupante ver estas personas sin un techo, comida, ropa y sin alguien que se preocupe realmente por ell@s. Esto sucede hasta en los países desarrollados donde vagan por las calles y están por todos los lugares. Es una pena que los gobiernos no les den la debida atención que necesitan. En tu caso, Dios te puso a este señor en el camino para que recobraras lo que perdiste.

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